Nos demos cuenta o no, los satélites de posicionamiento ARGOS juegan un papel en la vida cotidiana de muchas personas. Sin ellos, la comunicación moderna no sería posible, y cada vez más de éstos se ponen en funcionamiento en estudios científicos importantes. Un científico de Smithsonian empleó su capacidad de rastreo para contribuir con datos clave para nuevas políticas ambientales en Panamá, diseñadas para proteger la vida marina sensible frente a sus costas.

Lleno de peces, crustáceos, aves y otras especies marinas, el Golfo de Panamá es un tesoro marino poco común. Con fácil acceso a los alimentos y protegidas por las numerosas calas y ensenadas que salpican la costa, alrededor de 1000 ballenas jorobadas se reúnen anualmente desde el extremo sur hasta la Antártida para reproducirse y parir.

El área es también uno de los grandes pasajes de buques del mundo y es cada vez más transitado. Más de 17.000 buques comerciales cruzan el golfo cada año viajando desde y hacia el Canal de Panamá y las instalaciones portuarias. Ese volumen de tráfico, junto con una alta concentración de ballenas, conduce inevitablemente a colisiones. Durante un período de dos años y medio, más de 13 ballenas murieron, la mayoría por grandes buques de transporte.

Fotografía: Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

En base al Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) en Panamá, el biólogo marino, Héctor M. Guzmán, trabaja para entender cómo la actividad humana afecta a las especies marinas tropicales y los ecosistemas sensibles que habitan. Desde 2003, Héctor ha utilizado marcas de posicionamiento satelital para rastrear la vida marina en las aguas de Panamá y otros países de la región. Estas marcas de rastreo revelaron detalles acerca de cómo las ballenas jorobadas viajan por todo el golfo hacia sus zonas de alimentación en la Península Antártica y Chile. Héctor fue capaz de usar esos datos para informar sobre nuevas políticas de protección marina en Panamá.

Héctor comenzó a rastrear el movimiento de las ballenas en 2008 para comprender mejor el comportamiento de las ballenas y el uso del hábitat de la zona y sus interacciones con los buques. En el Archipiélago de las Perlas de Panamá, casi en el centro del golfo, al sur y al oeste de la Ciudad de Panamá, Héctor y su equipo de investigación identificaron más de 300 ballenas jorobadas solas que permanecen temporalmente allí cada año. Durante seis temporadas, Héctor marcó 60 ballenas desde Ecuador hasta Costa Rica con el fin de comparar sus movimientos con los cursos conocidos de 1000 buques individuales.

Héctor Guzmán. 
 Fotografía: 
 Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, Panamá.
Héctor Guzmán. Fotografía: Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, Panamá.

“Es una herramienta mágica", dice Héctor del marcado por satélite. "Desde cualquier lugar del mundo en el que me encuentro, puedo conectarme y ver mis ballenas. En comparación con estar en un bote u observar desde un acantilado con binoculares, no hay manera de que pueda comparar la cantidad de datos que estamos produciendo diariamente".

Durante un período, más de la mitad de las ballenas marcadas tuvieron 98 encuentros cercanos con 81 buques diferentes, en poco menos de dos semanas. Los buques estaban entrando en contacto con las ballenas jorobadas en reproducción más a menudo de lo que nadie había reconocido.

El científico Héctor Guzmán del STRI con una ballena de Bryde muerta, golpeada por un buque frente a la Ciudad de Panamá, cerca de la entrada del Canal de Panamá. 
 Fotografía: 
 Carlos Guevara
El científico Héctor Guzmán del STRI con una ballena de Bryde muerta, golpeada por un buque frente a la Ciudad de Panamá, cerca de la entrada del Canal de Panamá. Fotografía: Carlos Guevara

Analizando los patrones de movimiento producidos por las marcas satelitales, Héctor observó que a medida que las ballenas madres con crías comenzaban a moverse fuera del golfo para empezar a migrar de regreso a su hogar, las parejas se quedaban más cerca de la costa protegida. Las ballenas que se encontraban solas tendían a dirigirse directamente hacia el mar. Pero los barcos estaban usando todo el área del golfo, lo que aumenta las probabilidades de colisiones.

Armado con este conocimiento sobre las áreas que las ballenas suelen frecuentar, Héctor y su equipo idearon una nueva estrategia para brindar mayor protección a las ballenas jorobadas.

Siguiendo el modelo de una práctica que ya se realiza en los Estados Unidos y Europa, Héctor y su colega, el capitán Fernando Jaen de la Autoridad del Canal de Panamá sugirió un "Esquema de separación del tráfico", que requiere que los buques estén obligados a viajar durante todo el año por las rutas de dos millas de ancho separadas entre sí por tres millas náuticas de aguas abiertas. Desde agosto hasta noviembre, durante la importante temporada de reproducción, los barcos también reducirán su velocidad máxima a 10 nudos. Los modelos de Héctor predijeron que la reducción drástica del área de superficie que los buques podrían ocupar en el Golfo podría reducir las posibles colisiones entre los buques y las ballenas en hasta un 95 por ciento.

Gráfico de estrategia para evitar a las ballenas. 
 Fotografía: 
 Gráfico de Jorge Alemán, Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, Panamá.
Gráfico de estrategia para evitar a las ballenas. Fotografía: Gráfico de Jorge Alemán, Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, Panamá.

A través de su trabajo de más de tres años con la Autoridad Marítima de Panamá, la Autoridad del Canal de Panamá y la Cámara Marítima de Panamá, Héctor ayudó a que los socios locales vuelvan la política en una ley. Aprobada por la República de Panamá y adoptada por la Organización Marítima Internacional, las rutas de navegación panameñas se implementaron en diciembre de 2014.

“Nosotros no reinventamos la rueda", señala él, añadiendo que la idea de implementar rutas de navegación separadas ha existido desde la década de 1960. "Lo novedoso fue usar datos de marcas para aprender más sobre el comportamiento de las ballenas, y luego usar eso para producir una serie de políticas. Mi colega Fernando y el gobierno de Panamá estuvieron plenamente comprometidos a trabajar para hacer de esto una realidad".

También se espera que las rutas de navegación reduzcan significativamente la probabilidad de colisiones entre buques, así como los derrames de combustibles y cargas tóxicas. En Panamá, esta táctica beneficia directamente a varias áreas marinas protegidas, pantanos y reservas naturales en el Golfo de Panamá, uno de los cuales es un Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Las Perlas, Panamá. 
 Fotografía: 
 Alejandro Balaguer, Albatros Media.
Las Perlas, Panamá. Fotografía: Alejandro Balaguer, Albatros Media.

Otras naciones como Costa Rica, México y El Salvador, así como otros colegas científicos, han invitado a Héctor para ayudar en el desarrollo de sistemas de rutas similares para sus zonas de navegación en los próximos años. Naciones como Ecuador y Perú a lo largo de la "ruta de las ballenas jorobadas” en América del Sur también han expresado su interés en la implementación de las rutas, y Héctor dice que espera que toda la ruta migratoria de las ballenas sea protegida posteriormente, lo que crea un potencial para la investigación científica creativa que da lugar a una política práctica con efectos de largo alcance. 

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