En 2011, paleontólogos del Smithsonian escucharon rumores de una gran cantidad de fósiles marinos mientras trabajaban en la región de Atacama de Chile. En este sitio, Cerro Ballena, había esqueletos de más de 40 ballenas y otros mamíferos marinos

Fossil site in the Atacama Desert, Chile. Photo Credit Nicholas Pyenson / Smithsonian Institution
Sitio de fósiles en el desierto de Atacama, Chile. Fotografía: Nicholas Pyenson/Instituto Smithsonian

Los investigadores, que trabajaron rápidamente debido a la construcción inminente de una carretera, trajeron a los especialistas en digitalización en 3D del Smithsonian para que registren este cementerio marino. Con la tecnología de exploración en 3D, los curadores y los especialistas en tecnología del Smithsonian pudieron preservar el sitio de Cerro Ballena en su contexto original. En la actualidad, esas imágenes, modelos y descubrimientos científicos están disponibles en línea para todo el mundo, y el equipo del Smithsonian de este modo podrá seguir estudiando de qué modo los cambios en el clima a lo largo del milenio podrían haber afectado a la biodiversidad marina.

Sitio de fósiles MPC 675. Fotografía: Instituto Smithsonian
Sitio de fósiles MPC 675. Fotografía: Instituto Smithsonian

Cerro Ballena es uno de los sitios paleontológicos más exclusivos del mundo. Ubicado sobre la carretera Panamericana de la región de Atacama de Chile y con una importancia y un alcance similar al del rancho La Brea, Cerro Ballena posee la concentración más densa de fósiles de ballenas individuales y otros mamíferos marinos extintos de la historia.  

En 2010, debido a la construcción de un camino sobre la carretera Panamericana, se dejó al descubierto un sitio de fósiles rico en esqueletos de ballenas y los restos de vida marítima extinta.  

El paleontólogo del Smithsonian Nick Pyenson estaba trabajando en la región de Atacama en 2011 cuando escuchó hablar de Cerro Ballena. Decidió visitar el sitio luego de finalizar con las tareas de excavación en las cercanías. A pesar de haber escuchado rumores sobre la gran cantidad de fósiles marinos, le sorprendió la cantidad de esqueletos de ballenas de Cerro Ballena, entre los que se incluían mamíferos marinos extintos o poco comunes, incluidas las ballenas similares a las morsas y los perezosos acuáticos. El sitio es una increíble ventana hacia los ecosistemas marinos antiguos de la costa de América del Sur..

Nick se sorprendió porque había más de 40 ballenas y otros mamíferos marinos que murieron en lo que parecía ser un varamiento masivo. También se dio cuenta de que no se trataba solo de resolver un misterio. También corría una carrera contra el tiempo. Existían planes de pavimentar todo el sitio en cuestión de meses.

Los trabajadores de los museos locales ya estaban cubriendo los huesos en yeso y colocándolos en museos locales. Esto generó un gran problema. Cuando los fósiles se retiraran de su ubicación original, se perdería la información vital sobre el contexto en el que fallecieron estos animales. Los detalles sobre la posición de los fósiles en las capas de las rocas y su orientación son una parte importante de la historia.

Desesperado por capturar y preservar el contexto de Cerro Ballena, puso en práctica la experiencia adquirida en la Oficina de Proyectos de Digitalización (Digitization Project Office) del Smithsonian. Los “vaqueros del láser” del 3D, Vince Rossi y Adam Metallo, viajaron a Chile con digitalizadores láser y trabajaron sin descanso para documentar los fósiles y el contexto en el que se descubrieron originalmente. El equipo de digitalización en 3D recopiló información valiosa que, de otro modo, se hubiera perdido durante la excavación y el traslado de los fósiles de Cerro Ballena..

Modelo 3D de MPC 675. Fotografía: Instituto Smithsonian
Modelo 3D del MPC 675. Fotografía: Instituto Smithsonian

Mediante la digitalización en 3D del contexto de los fósiles preservados, Nick y su equipo pudieron deducir que el grupo de animales no fue asesinado en el mismo sitio: Cerro Ballena es un cementerio, no un matadero. Cerro Ballena también es el primer ejemplo claro de los repetidos varamientos masivos de mamíferos marinos que figuran en el registro de fósiles. Luego de descartar otras explicaciones, como tsunamis o virus, los investigadores del Smithsonian concluyeron que el varamiento masivo fue el resultado de un florecimiento nocivo de algas.  

Los florecimientos repentinos de diferentes tipos de algas pueden producir altas concentraciones de toxinas que matan rápidamente a grandes mamíferos marinos herbívoros cuando las inhalan o las comen. Los mamíferos marinos carnívoros también mueren luego de comer a las presas contaminadas con estas toxinas, lo que causa una deficiencia en los órganos y la muerte repentina por asfixia.  

Existe una gran cantidad de ejemplos modernos de florecimientos de algas debido a las cuales murieron criaturas marinas, incluidas las mareas rojas cerca de la costa de Florida o un incidente de 1987 en el que docenas de ballenas jorobadas fueron arrastradas hacia la costa en Cabo Cod. Aunque hace millones de años no existían causas antropogénicas (causadas por el hombre) de florecimientos de algas, en la actualidad estos eventos se ven potenciados por la descarga de pesticidas en arroyos y ríos y, posteriormente, en el mar, así como también la descarga natural de minerales como el hierro en el agua.

La importancia del sitio de Cerro Ballena afirma el valor de los fósiles para la investigación científica. En palabras de Nick, “Los fósiles son los registros de datos de la vida de nuestros antepasados”. El Museo Nacional de Historia Natural (National Museum of Natural History) del Smithsonian aloja a 42 millones de especímenes de todos los continentes del mundo, que datan de todos los períodos geológicos, desde la última Era del Hielo (hace aprox. 18 000 años) hasta los primeros rastros de vida microbiana (hace aprox. 3500 millones de años).  

Los Dres. David Rubilar Rogers (Museo Nacional de Historia Natural) y Nicholas D. Pyenson (Instituto Smithsonian) obtienen una vértebra de una ballena fósil en el talud en Cerro Ballena en 2012. Fotografía: Instituto Smithsonian
Los Dres. David Rubilar Rogers (Museo Nacional de Historia Natural) y Nicholas D. Pyenson (Instituto Smithsonian) obtienen una vértebra de una ballena fósil en el talud en Cerro Ballena en 2012. Fotografía: Instituto Smithsonian

“Nuestra misión es estudiar, preservar y continuar construyendo estas colecciones únicas, lo que representa la culminación de millones de horas de trabajo dedicadas a la recolección y recuperación de estos rastros de un pasado lejano”, afirma Nick. “Cada espécimen recorrió un trayecto especial desde su descubrimiento en el afloramiento de una roca hasta el cajón de un museo. En general, estos trayectos duran décadas, y pueden implicar la preparación en un laboratorio o la realización de un nuevo análisis desde otra perspectiva". Nunca se sabe qué secretos se pueden develar al observar detalladamente el contenido de un gabinete del museo… o mirarlo a través de un visor virtual en 3D.  

Nick lucha contra el tráfico ilegal de fósiles; para ello, comparte su trabajo con el público y demuestra cómo la paleontología, mediante la observación y comprensión del pasado, puede contarnos sobre nuestro presente y nuestro futuro. 

 

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