Cuando Saeeda Etebari llegó a Washington D.C. en la primavera de 2016, esta fue su primera visita a los Estados Unidos. El viaje desde Afganistán había sido largo y agotador, pero no presentó ninguna dificultad importante. Eso le había sucedido anteriormente en su vida, en un grado considerable: nacida en un campo de refugiados en Pakistán, con tan solo una semana de vida sufrió de meningoencefalitis y no pudo caminar hasta la primera infancia.

La enfermedad temprana de Saeeda también le provocó sordera. Pero esto no afectó la alegría y la curiosidad por la vida que irradia incluso cuando se queda en absoluta quietud, como lo hizo un día de abril en la Galería Internacional del Smithsonian. Ella había venido a hablar sobre joyas, piezas que había creado para Montaña Turquesa: Arte y Transformación en Afganistán, una exhibición para mostrar su trabajo y el de un grupo de 18 artesanos afganos, graduados de una escuela de formación profesional única en Kabul, el Instituto de la Montaña Turquesa.

Trabajo arquitectónico en madera de cedro
Prácticamente todo en la exhibición se puede tocar, incluido el trabajo arquitectónico en madera de cedro himalaya. Fotografía: Neil Greentree en Freer|Sackler.

A través de un intérprete de lenguaje de señas, Saeeda dijo que algunas personas dentro de su comunidad al principio tenían dudas acerca de lo que Montaña Turquesa tenía para ofrecer, pero Saeeda persistió, e investigó con el apoyo de su hermano. Ahora considerada una de las estrellas en alza en Afganistán, fundó su propia cooperativa artística de mujeres después de graduarse.

“Una vez que Montaña Turquesa comenzó a adquirir más popularidad, las personas comenzaron a apreciar lo que estaban haciendo”, dijo Saeeda. “Luego comencé a sentirme realmente orgullosa de trabajar con Montaña Turquesa en lugar de tener miedo, y me alegra haber podido aprender este oficio. Realmente han logrado un impacto en la ciudad”.

Fundada en 2006 por pedido del en ese entonces presidente de Afganistán, Hamid Karzai y SAR el Príncipe de Gales, Montaña Turquesa se planificó como una manera de ayudar a restaurar y recuperar un centro cultural histórico en Kabul, Murad Khani, un área de la Vieja Ciudad, que había estado sepultado durante varias décadas bajo toneladas de escombros acumulados. Hoy en día, Murad Khani es la cuna de Montaña Turquesa y su instituto de capacitación artística, además de una escuela primaria y un centro médico comunitario. A excepción de algunos trabajadores no afganos, Montaña Turquesa es dirigida por y para afganos.

En parte, la presencia de Saeeda, junto con otros artesanos que viajaron desde Kabul hasta el Smithsonian en el transcurso del año, ayudó a los visitantes a conocer una parte viva, que respira, de Afganistán. Los visitantes de la exhibición tuvieron la oportunidad de interactuar directamente con artesanos cuyas prácticas son clave para recuperar las tradiciones que habían estado en riesgo de desaparecer después de décadas de guerra.

Artista habla con visitantes de la exhibición.
La artista Sughra Hussainy habla con visitantes de la exhibición. Fotografía: Neil Greentree en Freer|Sackler.

El trabajo de estos artesanos, actualmente entre los más habilidosos en Afganistán, se exhibió en un caravasar afgano tradicional temporal en la Galería Internacional: delicada celosía jali tallada a mano; miniaturas caligráficas meticulosamente detalladas; una variedad de piezas de cerámica en distintas etapas de avance; un telar hecho a mano en el que se tejen alfombras con lana local teñida con materiales naturales. La belleza de las herramientas y los elementos de los artesanos tradicionales de Afganistán oculta la adversidad que sus practicantes han afrontado simplemente para mantener viva su tradición.

Crear asociaciones con otras personas interesadas en comercializar estas artesanías en el mundo asegura un futuro para los artesanos y sus trabajos, y también repercute en el apoyo a las comunidades que los rodean en Afganistán.

“La posibilidad de los artesanos afganos de visitar los EE. UU. y encontrarse con diseñadores y minoristas es emocionante”, dijo Thomas Wide, curador principal de la exhibición en Freer|Sackler y director de exhibiciones para Montaña Turquesa. “Dichas reuniones pueden generar ventas, y las ventas generan empleos.  Ya hemos visto cómo la exhibición ha impulsado a diseñadores internacionales a visitar Kabul y trabajar con los artesanos de ese lugar”.

Los fines de semana, la exhibición presenta música afgana, poesía y debates
Los fines de semana, la exhibición presenta música afgana, poesía y debates. Fotografía: Neil Greentree en Freer|Sackler.

“Cuenta la historia de un Afganistán que recupera esa importante posición que históricamente tenía en las tradiciones artísticas”, dijo Cheryl Sobas, directora de exhibiciones en Freer|Sackler. “La gente está viendo que en Afganistán sucede mucho más de lo que leen en el periódico y que hay una historia allí, una historia importante y de mucho orgullo”.

El año pasado, Saeeda comenzó a trabajar con la diseñadora de joyas británica Pippa Small para crear anillos, brazaletes, collares y pendientes para las tiendas de Small en Londres y Los Ángeles. Juntas, las dos trabajaron con otros comerciantes locales para obtener los materiales que necesitaban para sus proyectos. La visita de Saeeda a los Estados Unidos implicó una reunión con la diseñadora de joyas de Nueva York, Sharon Khazzam, dijo Wide. Ha habido otras asociaciones entre algunos de los artesanos graduados del instituto y diseñadores internacionales, y uno de los objetivos del proyecto era proporcionar una plataforma para aún más consultas.

“En la práctica, fue un enorme obstáculo traer a los artesanos aquí”, dijo Julian Raby, director del The Dame Jillian Sackler de la Galería Arthur M. Sackler y de la Galería Freer de Arte. “No parecía suficiente tener solo textos y videos [para la exhibición]. Pero si esto se trata de que nos sorprendamos de nuestros propios prejuicios y nos demos cuenta de que hay personas que hacen algo con sus vidas en circunstancias muy difíciles, conocer a los artesanos se volvió algo realmente importante”.

Artista fabricando vasijas en la exhibición.
Abdul Matin Malekzada fabricando vasijas en la exhibición. Fotografía: Neil Greentree en Freer|Sackler.

Bilal Askaryar, miembro del Smithsonian y estudiante de posgrado en desarrollo internacional en la Universidad Americana, fue central para organizar las visitas de los artesanos no solo al Smithsonian, sino también a otros puntos de interés para establecer conexiones de negocios. Pero sin excepción, todos los artesanos, dijo Askaryar, también querían ver ejemplos de sus creaciones artísticas siempre que fuera posible, dado que mucho de lo que se originó en Afganistán se había perdido.

Askaryar se encargó de que Sughra Hussainy, una calígrafa que fue la primera artesana en llegar, mirara miniaturas persas del siglo XVI en las colecciones de almacenamiento de Freer|Sackler. Dijo que ella solo había visto reproducciones en blanco y negro en libros en su hogar en Kabul.

“De muchas maneras, cuando las ven aquí en un museo, el visitante promedio no tiene idea de la historia y la cultura detrás de estas artes”, dijo Askaryar. “Sughra realmente se conectó con eso. Dijo: ahora que he visto estos trabajos, tengo muchas ideas más para mi propio arte”.

Artista trabajando en la exhibición.
Sughra Hussainy trabajando en la exhibición. Fotografía: Neil Greentree en Freer|Sackler.

Por su parte, Saeeda insistió en una cosa más que estaba ansiosa por llevarse con ella a Afganistán: historias de sus experiencias aquí.

“Mi familia me dijo algo que me hizo reír”, dijo Saeeda. “Me dijeron: ¡no te quites el pañuelo de la cabeza y te eches el cabello hacia atrás como lo hacen en los Estados Unidos! Pero al venir aquí me di cuenta de que es tranquilo, y que no es peligroso como dicen algunas personas. Tengo tantas cosas para contarles sobre lo que vi en los Estados Unidos, y estoy tan entusiasmada por contarles”. 

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